viernes, 31 de agosto de 2007
Los supermercados de Kinshasa
Salvo raras excepciones, donde cualquier occidental podría saciar su vena consumista, los supermercados en el Congo son unos lugares donde se venden productos varios, desde juguetes, arroz y legumbres a granel, hasta pan, leche en polvo, latas de conserva y carne fresca. Suelen ser bastante grandes, con largos pasillos donde hay estanterías casi vacías y, lo más curioso, donde los precios de todos los productos están marcados, no con el precio, sino con un código.
En cada una de las estanterías puedes encontrar una hoja con una tabla que representa la correspondencia de los códigos con los precios (así es en absolutamente todos los supermercados). Esto, que es un completo engorro ya que tienes que estar continuamente descifrando los códigos mirando la dichosa hojita, es un sistema que tiene mucho sentido en Kinshasa y, en general, en todos los lugares donde los precios pueden subir mucho de una semana para otra. Es decir, si hay inflación y el dueño del supermercado quiere cambiar el precio de los productos, sólo tendrá que confeccionar una nueva hoja con la correspondencia de precios y códigos, fotocopiarla y distribuirla por las estanterías, en vez de tener que cambiar el precio en la etiqueta de todos los productos.
Soluciones simples para problemas complejos.
jueves, 30 de agosto de 2007
Las cervezas
miércoles, 29 de agosto de 2007
Mudanza en el trabajo
Hace dos semanas nos dijeron que estaba todo preparado y que debiamos hacer la mudanza al día siguiente. Con el lío de la huelga de los trabajadores congoleños todo quedó paralizado hasta que se normalizase la situación (más que nada porque son ellos los que hacen la mudanza). El lunes vovieron a trabajar, con lo que hoy se ha hecho el traslado, muy rápido y ordenado, hacia unos despachos amplios y hermosos. Pero había truco, al parecer nadie había pensado en la cantidad de ordenadores, trazadores, impresoras y aires acondicionados encendidos a la vez, así que una vez que se terminó toda la mudanza nos dijeron que debiamos llevar las cosas de vuelta porque el sistema eléctrico no tiene la suficiente capacidad para soportar todos los equipos.
Así que estamos de vuelta donde antes, probablemente por un par de semanas. Me encanta. Si es que esto parece Alemania, ¡qué previsión!, ¡qué planificación! Lo mejor de todo es que te acostumbras perfectamente a este ritmo y parece algo completamente normal.
martes, 28 de agosto de 2007
La locura de conseguir piso en Kinshasa
El sábado pasado nos fuimos con Conira, una chica de Sierra Leona que ha vivido toda su vida en Londres, a buscar apartamentos que se ofertasen para alquilar. Ella tiene ya experiencia de a que casas llamar o donde ir a preguntar para saber si hay apartamentos libres ya que ha estado buscando un apartamento para ella sola durante quince días. Por fin lo ha encontrado: amueblado, con piscina, zona tranquila, pero pagando una salvajada. Estuvimos viendo seis o siete y no os podéis imaginar lo cutre y carísimo que es todo. Si pensaba que en Madrid lo había visto todo, nada de nada. Gente que quiere cobrar por el simple hecho de enseñar el piso; guardas de seguridad que te dan el teléfono del dueño del piso pero en realidad es un intermediario que cobra comisión, que a su vez le da parte al guarda; apartamentos que no tienen asegurado el suministro de luz y agua; en fin, relación calidad-precio nula.
Nos fuimos con las manos vacías, un poco desmoralizados y muy cabreados con todas las personas que se están aprovechando de la gallina de lo huevos de oro, léase MONUC, y preguntándonos que le va a pasar a este país cuando todo el personal de la ONU se vaya.
Por la noche fuimos a una fiesta para celebrar el día nacional de Uruguay. Lo se, es una fecha histórica que no puede ser pasada por alto. Fuimos a una mansión (no se puede calificar de otra forma) inmensa, con jardín, casi en el centro de la ciudad. Allí, hablando con un tipo de Nueva Zelanda surgió la conversación de los pisos y me comentó que había dos islandeses que dejaban un apartamento justo el sábado que viene y que estaban en la fiesta. Rápidamente me fui a hablar con ellos, anoté su numero de teléfono y quedamos Philipp y yo con ellos para ver el piso el lunes por la mañana.
El apartamento, de dos habitaciones esta muy bien en comparación con las cosas que se ven aquí. Lo malo que tiene es el precio: 750 dólares cada uno, y eso que es un chollo para lo que se ve aquí. La dueña nos pidió dos meses por adelantado y dos meses de fianza (suele ser tres y tres) Total: 3000 dólares cada uno. Fue una hazaña conseguirlos en un día. Debido a que en este país no hay cajeros automáticos, si en un momento dado necesitas una fuerte suma de dinero, estás vendido. Tuve que pedir que me adelantasen la paga del mes, cosa que se hace muy excepcionalmente y además cambiar los euros que traía.
Bueno, pero se logró. Eso sí, a ver si me las arreglo y puedo comer durante septiembre.
lunes, 27 de agosto de 2007
La embajada española en Kinshasa
El edificio no tiene nada, no es como otras embajadas de otros países que tienen una casa enorme con jardín. Esta está situada en el Boulevard, casi en el centro de Kinshasa y sólo ocupa el cuarto piso de un edificio de siete plantas en el que hay un banco, oficinas y la embajada de Grecia.
Después de tomarnos los datos, rellenar una ficha, fotocopiar el pasaporte y entregar una fotografía salimos dando las gracias al amable policía español que tiene que estar allí de guardia por un periodo de varios meses. Cuando bajamos a la calle me fijé más detenidamente en el edificio en el que ví que había un agujero bastante grande en el lateral.
Preguntando a Diana me dijo que era de la "miniguerra" que se libró en Kinshasa en marzo pasado entre los partidarios de Kabila y Bemba, ya que el ejercito de este último debía entregar las armas después de haber perdido las elecciones del año pasado.
Al parecer un cohete impactó en la pared del edificio, entró por el lateral y dió de lleno en el vestíbulo de la embajada. Allí siguen las secuelas, testimonio de la inestabilidad de hace unos meses.
viernes, 24 de agosto de 2007
Otra huelga
Esta vez se ha puesto de huelga todo el personal congoleño ya que dicen que no están claras las condiciones laborales y no se les paga lo suficiente.
Ayer tuve una reunión en el Cuartel General con unos técnicos de la Cooperación alemana. Necesitan mapas detallados sobre geología e hidrografía de ciertas ciudades para poder mejorar el sistema de suministro de agua corriente, que ahora no llega a casi nadie. Cuando llegué estaban todos los manifestantes reunidos frente a la entrada principal leyendo comunicados, cantando y gritando. La verdad es que impresionaba, no sólo por ellos, sino por todas las tanquetas desplegadas, los camiones antidisturbios y los policías militares de Bangladesh con sus porras, cascos y escudos.
Hoy tampoco ha aparecido nadie del personal local y todo está muy tranquilo a excepción del aumento de controles de seguridad que han establecido en las puertas.
jueves, 23 de agosto de 2007
Los libaneses
Me pareció muy curioso hace tres años, cuando estuve en Senegal, que en Dakar hubiese tantos libaneses. No sé si es por la herencia francesa de todos estos países, aunque lo cierto es que hay comunidades en otros lugares no francófonos de África, como Sierra Leona, e incluso en países como Colombia y México (a ejemplos como Shakira y Salma Hayek me remito).
En cualquier caso, en todos los lugares donde hay comunidades libanesas, éstas se han hecho con la posición dominante de la economía. En Kinshasa se les distingue porque van conduciendo sus flamantes todoterrenos y llevan puestas sus ropas de marca, sentados en sus restaurantes mientras los empleados (negros, por supuesto) están de aquí para allá sirviendo shawarmas.
Al parecer no debe ser una minoría muy apreciada debido a su boyante economía y los sueldos bajos que pagan. A mi, en los cuatro o cinco restaurantes a los que he ido, siempre me han tratado muy bien.
Supongo que habrá de todo, pero un poco altivos si se les ve. Donde yo me los he encontrado habitualmente es de excursión en las afueras de Kinshasa, de domingueros, con su barbacoa y su música.
